Hoy
es domingo y me puse a pensar en tardes de domingo pasadas en
Barcelona. Había conocido algunas personas fuera del trabajo y todas
vivían allí: Laia, española; Karina, argentina, y un chico uruguayo,
Santiago, cuya novia vivía en Italia. Solíamos juntarnos
las tardes de domingo, que era cuando podíamos todos. Laia sentía
siempre la necesidad de tomar algo en un café; para mí pasar el tiempo
en uno solo era suficiente, pero ella prefería ir a varios. Como buen
uruguayo, Santiago andaba siempre con el termo encima y no le importaba
tomar mate en cualquiera de los bares que íbamos a instancias de Laia.
Tampoco ningún mozo le decía nada. Y lo peor era que Karina aportaba las
galletitas y Laia era la única que consumía. Eso acá no lo hubieran
permitido.
Una tarde de esas quise conocer el laberinto
de Horta, barrio en el que Laia vivía. Fue muy divertido. Corrimos,
sacamos fotos, tomamos mate (Laia a esta altura ya hablaba de "vos" con
nosotros), charlamos. De nuevo quise averiguar por qué la novia de
Santiago vivía tan lejos de él y si tenían proyectado reunirse en alguno
de los dos países. Él siempre esquivaba la cuestión. Era algo tan
natural para ellos vivir de esa manera que parecía no requerir ninguna
explicación y la conversación sobre ese tema se agotaba ahí. Enseguida
me mostró el celular que uno de sus compañeros de trabajo le había dado:
era un celular ínfimo, muy chiquito. Ahora los celulares tienden a ser
cada vez más grandes, pero en ese momento lo cool era tener uno
microscópico. "El que tenía antes lo perdí", me confió. "Era chiquito
como este y se me cayó en un bar sin que me diera cuenta siquiera".
Ya
estaba cayendo el sol. Al día siguiente había que laburar y, además, el
último tren hacia Pineda de Mar salía bastante temprano para mi gusto.
Si lo perdía, ya no tendría cómo volver. Me despedí de todos con una
gran sensación de nostalgia. Había sido una tarde tranquila, sin grandes
acontecimientos, pero con ese calorcito en el alma que te deja pasar un
rato con amigos. Hasta la semana siguiente, otro domingo en que nos
volviéramos a encontrar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario