domingo, 27 de julio de 2014

Hoy es domingo y me puse a pensar en tardes de domingo pasadas en Barcelona. Había conocido algunas personas fuera del trabajo y todas vivían allí: Laia, española; Karina, argentina, y un chico uruguayo, Santiago, cuya novia vivía en Italia. Solíamos juntarnos las tardes de domingo, que era cuando podíamos todos. Laia sentía siempre la necesidad de tomar algo en un café; para mí pasar el tiempo en uno solo era suficiente, pero ella prefería ir a varios. Como buen uruguayo, Santiago andaba siempre con el termo encima y no le importaba tomar mate en cualquiera de los bares que íbamos a instancias de Laia. Tampoco ningún mozo le decía nada. Y lo peor era que Karina aportaba las galletitas y Laia era la única que consumía. Eso acá no lo hubieran permitido.

Una tarde de esas quise conocer el laberinto de Horta, barrio en el que Laia vivía. Fue muy divertido. Corrimos, sacamos fotos, tomamos mate (Laia a esta altura ya hablaba de "vos" con nosotros), charlamos. De nuevo quise averiguar por qué la novia de Santiago vivía tan lejos de él y si tenían proyectado reunirse en alguno de los dos países. Él siempre esquivaba la cuestión. Era algo tan natural para ellos vivir de esa manera que parecía no requerir ninguna explicación y la conversación sobre ese tema se agotaba ahí. Enseguida me mostró el celular que uno de sus compañeros de trabajo le había dado: era un celular ínfimo, muy chiquito. Ahora los celulares tienden a ser cada vez más grandes, pero en ese momento lo cool era tener uno microscópico. "El que tenía antes lo perdí", me confió. "Era chiquito como este y se me cayó en un bar sin que me diera cuenta siquiera".

Ya estaba cayendo el sol. Al día siguiente había que laburar y, además, el último tren hacia Pineda de Mar salía bastante temprano para mi gusto. Si lo perdía, ya no tendría cómo volver. Me despedí de todos con una gran sensación de nostalgia. Había sido una tarde tranquila, sin grandes acontecimientos, pero con ese calorcito en el alma que te deja pasar un rato con amigos. Hasta la semana siguiente, otro domingo en que nos volviéramos a encontrar. 




No hay comentarios:

Publicar un comentario